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Anna Gual y Jaume C. Pons Alorda, poetas invitados

“Quan el desig és més fort que la certesa,
l’abisme commou”
Anna Gual, fragmento de “Avís” al poemari Ameba.
“No entrem dins el foc 
per immolar-nos, sinó
perquè les flames brillin
una mica més”

Jaume C. Pons Alorda, poema “Consagració” dentro de Riu, bèstia.

A Jaume C. Pons Alorda (Caimari, Mallorca, 1984) le han dedicado los últimos años calificativos tales como fervoroso, torrencial, entusiasta, salvaje, impetuoso... Pero como los adjetivos menudo son enemigos de la buena literatura y el momentum lo vale, también se le puede considerar un poeta de fe. Una voz que proclama una vitalismo que no se puede permitir sucumbir, que vislumbra un mundo donde la vida lo domina todo, una voracidad que combate el hambre en vez de mordiscos. Poeta, narrador, traductor, profesor y lector; todos los papeles en una trayectoria que reúne poemarios, como la trilogía de Tots els sepulcres (LaBreu Edicions, 2015), Era (LaBreu Edicions, 2018) o su último canto biopolítico, Riu, bèstia (Lleonard Muntaner, 2021 ). Y las novelas Ciutat de mal (Angle Editorial, 2019) o traducciones épicas y premiadas, como la de Fulles d’herba de Walt Whitman (Ediciones de 1984, 2014), son sólo dos ejemplos más de una ferocidad literaria que inundará el templo modernista.

 

La serenidad rotunda de Anna Gual (Vilafranca del Penedès, 1986) llega al mismo oráculo de las artes después de explorar el camino que va del útero a la mística. Una poesía que nace del propio cuerpo como magma de vida, que se funde en una poción de palabra, materia y espíritu y que se proyecta, adelante y atrás, con los vínculos que unen los cordones umbilicales. Luz y oscuridad con carne y visiones. Desde su debut con Implosions (LaBreu Ediciones, 2008), este arraigo con el cielo y suspensión sobre la tierra ya es evidente en títulos como Molsa (ADIA Ediciones, 2016), El tubercle (Editorial 3i4, 2016) y Altres semideus ( LaBreu Ediciones, 2019). Con Ameba (Libros del Siglo, 2020) ya no sólo explora el absoluto de la maternidad, sino también su conexión con lo que la precede, con un patrimonio: "Los huesos no son piezas muertas / Los huesos están más vivos / que todos nosotros". Esta fiesta de exhumación y llamaradas, de todo lo disfrutado y que todavía se abre ante nuestros pasos es la propia celebración de la poesía y de la música. La celebración de la vida siempre fiel a su cita.