200 años de la muerte

Hacer el bien siempre que sea posible, amar la libertad sobre todas las cosas y, aunque fuera por un trono, nunca traicionar la verdad”.

Ludwig van Beethoven (Bonn, 16 de diciembre de 1770-Viena, 26 de marzo de 1827) es, sin duda, uno de los músicos más universales de todos los tiempos. La conmemoración de los doscientos años de su muerte es un pretexto ideal para celebrar la figura de un compositor que representa un punto de inflexión fundamental en la tradición musical europea: heredero del Clasicismo de Haydn y Mozart, pero al mismo tiempo visionario de un nuevo lenguaje que abriría las puertas del Romanticismo.

En el caso del Palau de la Música Catalana, la posición estratégica que ocupa su busto serio y solemne en una de las bandas del escenario se convierte en una presencia física y también simbólica que preside todos los conciertos de la sala. La figura de Beethoven nos recuerda su impor- tancia como personificación del artista moderno y defensor de los valores de la Ilustración, especialmente la bondad, la libertad y la fraternidad en pro de la verdad. Valores que forman el ideal moral de paz.

Las obras de Beethoven siguen situadas, actualmente, entre las más apreciadas por el público. En estas partituras Beethoven amplió los límites formales y expresivos de la música dotándola de una fuerza dramática y de una profundidad emocional que han seguido interpelando a generaciones de intérpretes y oyentes. El Palau de la Música Catalana acogerá una amplia muestra de su catálogo, especialmente del repertorio orquestal, concertante y coral, como la integral de las nueve Sinfonías, la Missa solemnis o su única ópera, Fidelio, obras en las que sus profundas convicciones y valores morales se ponen de manifiesto.

Ludwig van Beethoven